Según la Teogonía (‘origen de los dioses’) de Hesíodo, el Caos fue el primer dios elemental antiguo en surgir en la creación del universo.
Tras él surgieron rápidamente Gea (la Tierra), Tártaro (el Inframundo) y Eros (el Deseo que trae la vida).
Aunque así se narra en la Teogonía, es frecuente sin embargo cometer el error de considerar a estas deidades descendientes del Caos.
En la antigua cosmología griega el Caos era la primera cosa que existió y la matriz de la cual surgió todo.
Para Hesíodo y los mitos olímpicos el Caos es el «vasto y oscuro» vacío del que surgió la primera deidad, Gea.
En el mito pelasgo de la creación, Eurínome (la ‘diosa de todo’) surgió de este Caos y creó el Cosmos a partir de él.
Para los órficos era llamado el «vientre de la oscuridad», del que surgió el huevo cósmico que contenía el Universo, a veces mezclado con la «negra noche alada».
La idea también se encuentra en Mesopotamia y relacionada con Tiamat, el «dragón» del Caos, a partir de cuyo desmembrado cuerpo se formó el mundo.
El Caos era la atmósfera más próxima a la tierra: aire, vapor y niebla (su nombre significa vacío o hueco, pues ocupaba el espacio entre el cielo y la tierra).
El Caos (que en griego era femenino) era la madre o la abuela de otras deidades incorpóreas de aire: Nix (la Noche), Érebo (la Oscuridad), Éter (la Luz), Hemera (el Día) y varios daimones.
De esta forma, justo al comienzo de su historia, Hesíodo establece las deidades relacionadas con cada elemento conocido por el hombre, empezando por los elementos primordiales: la Tierra, el Cielo estrellado, el Mar.
En la mitología griega La Teogonía de Hesíodo cuenta cómo, tras el Caos, surgió Gea la de anchos pechos, la eterna fundación de los dioses del Olimpo.
De su propio ser, «sin la dulce unión del amor», trajo a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas, y también a Ponto, la infructuosa profundidad del mar.
Pero tras esto, cuenta Hesíodo, yació con su hijo Urano y engendró a los Titanes Océano, Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto, y a las Titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe la de la dorada corona y la hermosa Tetis.
«Tras ellos nació Crono el astuto, el más joven y terrible de sus hijos, y éste odió a su lujurioso padre.»
Hesíodo menciona que Gea concibió más descendencia con Urano.
Primero los Cíclopes gigantes de un solo ojo, constructores de murallas, a los que posteriormente se les dieron nombres: Brontes (‘el que truena’), Estéropes (‘el que da el rayo’) y Arges (‘el que brilla’): «Había fuerza, poder y destreza en sus obras.» Luego añade los tres terribles hijos de cien manos de la Tierra y el Cielo, los Hecatónquiros, Coto, Briareo y Giges, cada uno con cincuenta cabezas.
Urano escondió a cíclopes y hecatónquiros en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad, donde no pudieran ver la luz, y se regocijó de su maldad. Esto provocaba gran dolor a Gea (el Tártaro era su vientre), por lo que creó un pedernal gris (o adamanto) y de éste fabricó una gran hoz, y reuniendo a los titanes les pidió obediencia.
Sólo Crono, el menor, se atrevió a tomar la hoz y castró a su padre cuando éste se acercó a Gea para yacer con ella.
De las gotas de sangre y semen, Gea concibió aún a más hijos: las fuertes Erinias, los Gigantes con armadura y las Melias (ninfas de los fresnos).
Por esto, afirmaba Hesíodo, Urano llamó a sus hijos «Titanes», ‘los que abusan’, ya que «con temeraria sensatez habían cometido un acto terrible por el que luego tendrían justo castigo», pues tal como Urano había sido depuesto por su hijo Crono, así él mismo estaba destinado a ser derrocado por el suyo.
Para evitarlo, se tragaba a sus hijos tan pronto como éstos nacían. Gea le dio a la esposa de Crono, Rea, la idea que salvaría a su último hijo, Zeus: dar a Crono una piedra envuelta en pañales que pareciese un bebé.
Entonces Gea crió a Zeus (según algunas versiones de la historia), quien finalmente rescataría a sus hermanos y hermanas, tragados por Crono, y también liberaría a los Cíclopes, Hecatónquiros y Gigantes del Tártaro. Juntos, Zeus y sus aliados derrocarían a Crono.
Tras la castración de Urano, Gea parió a Equidna y Tifón, engendrados por Tártaro.
De Ponto tuvo a Nereo, Taumante, Forcis, Ceto y Euribia.
Con Éter tuvo a Ergía, la diosa de la pereza y la holgazanería.
Zeus escondía a una amante, Elara, de Hera ocultándola bajo la tierra.
El hijo que tuvo de ésta, el gigante Ticio, es por tanto considerado a veces hijo de Gea, la diosa de la tierra, y de Elara.
Gea también hizo inmortal a Aristeo.
Se cree por algunas fuentes, que Gea fue la deidad original tras el Oráculo de Delfos.
Traspasó sus poderes a, según la versión, Poseidón, Apolo o Temis.
Apolo es el mejor conocido como poder tras el oráculo, muy reconocido ya en tiempos de Homero, tras haber matado al hijo de Gea, ( Pitón ) en ese lugar y usurpado su poder ctónico.
Hera castigó a Apolo por esto enviándolo a trabajar como pastor durante nueve años con el rey Admeto.
Los juramentos prestados en nombre de Gea, en la antigua Grecia, estaban considerados entre los más sagrados.Algunas fuentes, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas.
(Fte: wikipedia)



































